Ir al contenido

Travesía en SUP Kurima–Tarama: una ruta oceánica de 52 km


Traducido del original en inglés, que es la versión de referencia. Leer el original en inglés · ¿Ves un error en la traducción? Avísanos

Photo courtesy: Shota Kurima

El océano no es una frontera

Para nuestros antepasados, el océano nunca fue algo que cruzar: era un lugar donde vivir. A lo largo del Pacífico, una antigua red marítima conectó en otro tiempo islas y culturas. Desde Taiwán hasta Okinawa, pasando por el sudeste asiático y hasta la Polinesia, los pueblos austronesios se desplazaban por el mar con propósito, habilidad y un profundo conocimiento. Para la gente de las islas Ryukyu, el océano no era una barrera: era una autopista.

Pequeñas embarcaciones recorrían estas aguas mucho antes de que existieran los motores o las fronteras, y llevaban comercio, conocimiento y la vida misma de una isla a otra. El dominio del remo y de la vela no era un deporte, sino supervivencia e identidad. Hoy, esa conexión casi ha desaparecido. Este proyecto busca recuperarla.

Una cultura que se fue a la deriva

Mis raíces están en estas islas. Hubo un tiempo en que el conocimiento del océano formaba parte de la vida cotidiana, cuando leer las corrientes, el viento y la marea era tan natural como caminar en tierra firme. Ese conocimiento se transmitía de generación en generación.

Pero después de que el Reino de Ryukyu fuera integrado a Japón en 1879, esa forma de vida empezó a desvanecerse. La libertad de moverse por el mar se redujo, y la cultura de remar fue desapareciendo poco a poco. Con el tiempo, se perdió la conexión entre las personas y el océano. En las últimas décadas, el rápido desarrollo turístico ha transformado aún más esa relación. El mar, que antes era fuente de fuerza y supervivencia, ha quedado reducido a paisaje: algo que se mira, en lugar de algo con lo que se convive. La travesía "KURIMA–TARAMA" es mi intento de reconectar con esa identidad perdida.

La travesía: 52 kilómetros de agua en movimiento

11 de marzo de 2026. Salí a remar 32 millas (52 km) desde la isla de Kurima hasta la isla de Tarama, siguiendo una ruta marcada no solo por la geografía, sino también por la historia. Bajo la superficie hay un profundo cañón submarino donde chocan algunas de las corrientes de marea más rápidas de la región. Ese día, el océano se negó a quedarse quieto. Las mareas pasaron de sur a norte y luego giraron de noroeste a sureste, empujando contra vientos opuestos. El agua no se movía en una sola dirección: crecía, se cruzaba y se levantaba de forma impredecible.

Hacia la mitad del recorrido, la corriente empezó a volverse en mi contra. La tabla perdió velocidad, mi ritmo se rompió y, por un momento, la distancia que tenía por delante me pareció mucho más larga que 52 kilómetros. Allá afuera no hay atajos: solo se puede seguir adelante.

Palada a palada, me fui adaptando al movimiento del océano: no luchando contra él, sino aprendiendo a moverme con él. Después de 6 horas y 25 minutos, llegué a la isla de Tarama. No solo completé una travesía: reabrí una ruta.

Datos de la expedición

  • Distancia: 32 millas (52 km)

  • Tiempo: 6 horas 25 minutos

  • Viento: prom. 5 m/s (máx. 8 m/s)

  • Tabla: Bill Foote Maliko (14' × 25.5")

Más allá de esta travesía

Esto no era la meta, sino el comienzo. La visión es crear un Asian SUP Island Circuit: una red de rutas de larga distancia en SUP que conecte islas de toda la región, inspirada en las antiguas rutas marítimas.

El próximo objetivo es una travesía entre Taiwán y la isla de Yonaguni, de aproximadamente 110 km a través de la corriente de Kuroshio. Esta poderosa corriente, a menudo llamada la "Corriente Negra", ha marcado durante siglos las migraciones y los desplazamientos en esta región. Remar esta ruta no es solo un desafío físico, sino una manera de volver a recorrer el camino de quienes vinieron antes que nosotros: reconectar Taiwán y el extremo más occidental de Japón solo con la fuerza humana.

Más que un deporte

Este proyecto va más allá de la resistencia. Se trata de revivir la cultura marítima de Okinawa, reconectar con las raíces austronesias, crear una nueva forma de ruta cultural basada en el océano e inspirar a la próxima generación a ver el mar de otra manera.

El océano no debería ser algo que solo miramos: debería ser algo que comprendemos.

Rema las islas. Reconecta la civilización.

El océano nunca estuvo destinado a dividirnos. Estaba destinado a llevarnos. Y con cada travesía, esa conexión puede volver a vivir.

Mira a continuación el video con los mejores momentos de la expedición.